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Peces: más alimento a menor costo, según Basf

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Hoy alimentar a las más de 7.400 millones de personas que tiene el planeta es un gran reto para la industria alimentaria, especialmente si se tiene en cuenta que no solo deben garantizar que su producción sea suficiente, sino también plantear alternativas viables para resolver el impacto negativo que provocan en el medio ambiente actividades como las agropecuarias.

Parece increíble pensar que la ganadería es una de las prácticas que más generan daños al medio ambiente. Según mediciones de la empresa agroforestal Co2Cero, cinco kilos de carne emiten la misma cantidad de dióxido de carbono (CO2) que un barril de petróleo. 

En el caso opuesto está la crianza de especies acuáticas, que genera una huella de carbono más baja y un consumo de agua de solo 1,4 litros por kilogramo.

En este sentido la acuicultura surge entonces como una alternativa viable, sostenible y acorde con las prácticas de seguridad alimentaria que se están promoviendo en diferentes partes del mundo.

La ventaja es que los animales marinos son más eficientes en la conversión y requieren menos kilos de comida que las otras especies, a la vez que le garantizan al ser humano una alta calidad proteica. 

Sin embargo, muchos de las materias primas que se usan para alimentar a los peces en criadero siguen generando un gran impacto.

“Tradicionalmente las dietas para los peces se elaboraban con harinas de origen animal de alta digestibilidad; actualmente es necesario utilizar materias primas de origen vegetal como la soya que retención de nutrientes para el pez e incrementa la excreción de nutrientes al agua, aumentando la contaminación de las fuentes hídricas”, explica Juan Mauricio Ortega, gerente de Nutrición Humana y Animal de BASF (multinacional alemana líder en innovación).

Por lo anterior, el reto para la producción de pescado está en desarrollar soluciones para aumentar la productividad, mientras hagan un uso adecuado del agua.

Para lograrlo, empresas como la multinacional alemana han desarrollado soluciones para incrementar la sostenibilidad en la dieta de los animales acuáticos y contribuir  a la reducción de los índices de contaminación en el agua.

Se trata de la implementación de aditivos en la comida de los peces, con lo que se logra disminuir los índices de minerales que el pescado excreta y evitar que sus heces aumenten la producción de algas, que reducen el oxígeno, afectan el ecosistema y disminuyen la productividad de los cultivos.

Históricamente, Colombia no ha sido un país consumidor de pescado. “Se estima que cada persona consume entre 6 kilogramos al año, a diferencia de países como Perú que consumen unos 20 kilos de pescado al año”, explica Ortega y agrega que “en los últimos años, se viene presentando un crecimiento en este sector, lo que representa una importante oportunidad para el mercado, aún más si se tiene en cuenta que la tendencia apunta a la predilección de alimentos cada vez más saludables y ambientalmente amigables”.

Actualmente, la exportación de tilapia y trucha a Estados Unidos representa unos 50 millones de dólares, según datos de la oficina del Censo y el Departamento de Comercio de Estados Unidos.

Las cifras han crecido exponencialmente en los últimos años, lo que ha hecho que la competitividad de la acuacultura nacional sea cada vez más notoria.

Por su parte, se trata de una alternativa de dieta saludable porque el pescado tiene niveles de colesterol más bajos que la carne de cerdo o de res.

Esta, en definitiva, es la opción del futuro porque apuntan a garantizar alimentos para la población, a la vez que se conserva el entorno para las necesidades futuras.