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La RSE: más allá del discurso, ser lo que se dice ser

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Con la intención de reconocer a las empresas que incluyen buenas prácticas laborales con enfoque de sostenibilidad en su gestión, nace el Premio...

Por: Verónica Vargas R.

Directora General Cámara Verde de Comercio

La Responsabilidad Social Empresarial RSE tiene su origen en problemáticas sociales y ambientales que son una amenaza para la humanidad. El inequitativo acceso a los recursos hace que, por ejemplo, una de cada siete personas se acueste con hambre y la crisis ambiental ha significado, entre otras cosas, la mayor pérdida de especies en la historia, como la extinción de los dinosaurios, por ejemplo.

En respuesta a estas problemáticas, han surgido propuestas de cambio al modelo de desarrollo predominante desde los diferentes sectores de la sociedad y desde diferentes disciplinas.

Si bien el modelo de desarrollo económico impulsado e implementado como modelo mundial predominante durante los últimos 60 años ha significado importantes avances, hoy ha sido reemplazado por un discurso mundial de modelos alternativos como el Desarrollo Humano y el Desarrollo Sostenible.

La humanidad ha llegado a un punto en el que ajustar su modelo de desarrollo es un mecanismo de adaptación para la supervivencia. Lo positivo es que las condiciones necesarias para el cambio están dadas en términos tecnológicos, productivos y económicos. La RSE es una de las manifestaciones de este entendimiento social y colectivo de la necesidad de cambio desde el sector privado empresarial.

Las empresas han sido los principales catalizadores del desarrollo económico. De las 150 economías más grandes del mundo 58% son corporaciones. Su responsabilidad en el bienestar social y ambiental es tan importante como su participación en la economía.

Las empresas manejan la mayor parte de la riqueza económica de la humanidad, responden por el 75% de los salarios y son el lugar donde las personas pasan una tercera parte de sus vidas. Además, son las que mayores impactos negativos generan en el medio ambiente, tanto por el insostenible consumo de recursos naturales, como por la magnitud en la generación de residuos y desechos que supera la capacidad que tienen los sistemas naturales de mantener un equilibrio en sus ciclos.

La RSE no es una propuesta aislada de las empresas para la sociedad. En realidad hace parte de un conjunto de propuestas de cambio que incluyen, por ejemplo, los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas, el Índice de Desarrollo Humano, el protocolo de Kioto, el Desarrollo Sostenible, el consumo sostenible y todas las demás iniciativas, conceptos, movimientos sociales y multiplicidad de formas de expresión social, que proponen cambios en el funcionamiento de nuestra sociedad. Cambios que nos permitan sobrevivir y florecer en una nueva realidad social y ambiental que nos amenaza como cultura y como especie.

La RSE tiene multiplicidad de definiciones. El World Business Council for Sustainable Development WBCSD la define como el compromiso que asume una empresa para contribuir al desarrollo económico sostenible por medio de la colaboración con sus empleados, sus familias, la comunidad local y la sociedad en pleno, con el objeto de mejorar la calidad de vida. La Comisión Europea la define como la integración voluntaria de preocupaciones sociales y medioambientales en las operaciones y relaciones de la empresa. ISO 26000 por su parte, afirma que la RSE es el comportamiento coherente con el desarrollo sostenible y el bienestar de la sociedad que tiene en cuenta las partes interesadas, es consistente con normas internacionales y está integrado en toda la organización. Como estas, se encuentran más de 100 definiciones diferentes de RSE en Google, pero todas tienen algo en común: todas proponen una nueva forma de relacionamiento entre las empresas y las personas, y entre estas y la naturaleza.

La RSE o Responsabilidad Social Corporativa (RSC) comprende entonces diferentes propuestas de cambio con las que las empresas buscan adaptarse a las nuevas condiciones del entorno, y esta búsqueda tiene dos objetivos:

  1. Aportar al bienestar general de la población.
  2. Sobrevivir y permanecer como empresas en el nuevo entorno: Ser sostenibles.

Algunas aproximaciones de la RSE muy conservadoras, generalmente en línea con la idea de desarrollo económico, sostienen que la única responsabilidad de las empresas es generar valor para sus inversionistas y que esto eventualmente se traducirá en bienestar social. Otras proponen cambios que van en línea con las ideas de Desarrollo Sostenible y tienen que ver con la implementación de tecnologías limpias y el establecimiento de impuestos y mecanismos de cobro que compensen los impactos ambientales y sociales. Por otra parte, hay propuestas de cambios más radicales que hablan de empresas y organizaciones que no solo no generen impactos negativos sino que generen riqueza en lo social y lo ambiental además de lo económico. Estas últimas son propuestas que coinciden con la visión de Desarrollo Humano la cual centra el fin del desarrollo en la ampliación de libertades y capacidades del ser humano, y valora la riqueza económica como uno de los medios para lograr este fin junto con la educación, la salud, la posibilidad de participación en la toma de decisiones públicas entre otros.

La RSE en términos económicos, sociales y ambientales

El funcionamiento típico de las empresas está fundamentado en la minimización de costos y la maximización de ganancias. Tanto los costos como las ganancias en este modelo son exclusivamente económicos y el balance positivo se logra sin tener en cuenta otros costos ambientales y sociales que terminan afectando el bienestar general, pero por los cuales nadie responde. Estos costos en la economía son conocidos como externalidades y tienen que ver con impactos como contaminación, impactos de procesos o productos sobre la salud y detrimento de los servicios ecosistémicos, entre otros. La suma histórica de todos estos costos significa la deuda ambiental y social actual que nos amenaza como cultura y como especie.

La propuesta de la RSE es incorporar dichos costos dentro de contabilidad empresarial para valorar el desempeño teniendo en cuenta las diferentes dimensiones humanas. Se reconoce que el funcionamiento, productos y servicios de una empresa afectan y tienen potenciales efectos en las dimensiones económica, social y ambiental de sus Grupos de Interés o Stakeholders. Estos son todos aquellos grupos con los que la empresa se relaciona e impacta, e incluyen los clientes, inversionistas, proveedores, competencia, trabajadores, directivos y entidades estatales (algunos estudiosos incluyen el medio ambiente entre los grupos de interés). Los impactos sobre los grupos se expresan entonces a través de la triple cuenta: el balance ambiental, social y económico del desempeño de la empresa.

En relación con el cómo y hasta dónde incorporar estas dimensiones, las propuestas van desde la simple medición y reporte de parámetros en la mayoría de casos acompañado de un compromiso de disminución de los impactos negativos, hasta “Empresas Transformadoras” que a través de impactos positivos generan valor en el patrimonio social y ambiental, y contribuyen con la solución de retos locales y globales como la superación de la pobreza, el calentamiento global, etc.

Un ejemplo importante de empresas transformadoras son las “Empresas B”, las cuales suman alrededor de 700 empresas en 24 países y se identifican como generadoras de “Bienestar”. Están enfocadas en la solución de problemas ambientales y sociales, y cumplen con rigurosos mecanismos de monitoreo y reporte de resultados económicos, ambientales y sociales. En Colombia hay más de cinco y son empresas con muy buen desempeño; entre estas están Enves, Hybrytec, BioPlaza, y Portafolio Verde. Enves, por ejemplo, es una empresa de diseño sostenible que trabaja por el desarrollo social y el cuidado ambiental. Se especializa en el diseño de eco-productos y trabaja con comunidades vulnerables. Es una empresa financieramente sostenible y al mismo tiempo contribuye a la solución de problemas ambientales locales de contaminación y de problemas sociales globales como la pobreza e inequidad.

Características de la RSE

En términos generales, todas las aproximaciones de RSE coinciden en aceptar las siguientes características:

  1. Las acciones van más allá de lo legal
  2. Están basadas en el diálogo con los grupos de interés
  3. Generan valor más allá de lo financiero
  4. Sus acciones son coherentes con el discurso
  5. Es mesurable y comunicable
  6. Es un estrategia de negocio

Las acciones de RSE deben ir más allá de lo legal. No existe una normatividad legal que exija el cumplimiento de parámetros de RSE, y las empresas son libres de decidir hasta donde se comprometen. No se consideran acciones de RSE el cumplimiento de los estándares legales que le correspondan a la empresa según su tipo de operación, localización y sector.

Diferentes aproximaciones de RSE coinciden también en proponer el diálogo como un mecanismo para gestionar los impactos que la organización tenga sobre sus grupos de interés y sobre el medio ambiente. El diálogo que ocurre con estos grupos es una comunicación estratégica de doble vía, en la que por un lado la organización conoce las necesidades, expectativas e impactos de sus acciones en sus grupos de interés y, por el otro lado, comunica al público cambios y resultados que responden a las necesidades, expectativas e impactos identificados. Este diálogo genera dos cosas valiosas para una organización: información para la innovación y buena reputación.

La buena reputación está relacionada también con otro aspecto característico de la RSE que es la coherencia: ser lo que se dice ser. Las empresas socialmente responsables procuran cerrar la brecha entre el ser y el deber ser, en un ejercicio continuo que también es alimentado por el diálogo social.

Hay muchas empresas que adoptan discursos de RSE pero que no han modificado sus prácticas de acuerdo con éste. Se habla de este fenómeno como “Greenwashing”. Una empresa que utilice el discurso de la responsabilidad social y la sostenibilidad, así como reportes amañados, no es socialmente responsable y sus intenciones son finalmente percibidas por los grupos de interés. De hecho, un estudio realizado por Society for Human Resources Management que compara compañías con programas de sostenibilidad reales y compañías con acciones encaminadas al mercadeo de reputación, encontró que las empresas con estrategias reales para el bienestar general: tienen procesos de negocios 43% más eficientes, tienen una imagen pública 43% más fuerte, y cuentan con empleados que son 38% más comprometidos y fieles.

Las acciones e impactos de la RSE deben ser mesurables y cuantificables con el fin de que puedan ser monitoreadas, evaluadas, transformadas y comunicadas. Los Reportes de Sostenibilidad son el principal instrumento de rendición de cuentas de las organizaciones a sus grupos de interés y son parte fundamental en el diálogo social. En estos, la organización pone, a disposición de todos, la información de sus impactos sociales y ambientales en cada uno de sus grupos de interés.

Finalmente, pero fundamental, es que la RSE no es caridad ni filantropía, es una estrategia de negocio que permite que las organizaciones tengan un buen desempeño y permanezcan en el tiempo. Es estratégica porque responde a un cambio necesario que abre nuevas oportunidades de negocio en cada uno de los retos que representa el cambio. Es estratégica porque reduce costos ambientales, sociales y económicos y genera riqueza en el patrimonio social. Es estratégica porque permite la innovación de productos, procesos y organización que contribuyan a la sostenibilidad de la cultura humana y de la empresa. Y es también estratégica porque el comportamiento responsable genera compromiso y buena reputación. Una buena reputación genera confianza y lealtad en inversionistas, trabajadores, clientes y en general en la comunidad. Estudios realizados por diversas y respetadas instituciones demuestran que hay un impacto significativo en la sostenibilidad y el desempeño económico de las empresas dependiendo del grado de confianza y lealtad de sus inversionistas, empleados y clientes.

En Colombia hay empresas que están trabajando seriamente para ser sostenibles y para aportar al desarrollo social, como es el caso de las 30 empresas fundadoras de la Cámara Verde de Comercio que están trabajando con altos estándares de RSE y Sostenibilidad. Lo mismo es cierto para empresas certificadas B y para muchas de las grandes empresas colombianas agrupadas en CECODES. Pero también hay casos de empresas que claramente no están aportando al desarrollo del país.

Lo único cierto es que la dirección que tome la RSE en el país dependerá de la cantidad y calidad de empresas que actúen responsablemente, de las exigencias que la comunidad imponga sobre las empresas, sus productos y servicios, y de los incentivos que se generen desde el Estado para promover acciones socialmente responsables.