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Recordamos al doctor Ernst Ligteringen (Q.E.P.D)

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El Centro RS lamenta profundamente el fallecimiento del doctor Ernst Ligteringen, colaborador muy cercano quién en los últimos meses trabajó como asesor estratégico de nuestro equipo en el desarrollo de nuevos proyectos.

Su apoyo y asesoría han sido muy provechosos para las proyecciones del Centro RS en el futuro cercano. Sus aportes a la consolidación del desarrollo sostenible en la agenda corporativa nacional van más allá de su labor como Director Ejecutivo del Global Reporting Initiative.

El Centro RS expresa sus condolencias y resalta el gran compromiso que mantuvo con el deseo de transformar a la sociedad en la búsqueda de un país más equitativo, incluyente y sostenible.

A continuación replicamos la entrevista que Ernst Literingen nos otorgó en la edición 46 de la Revista RS, donde hace profundas reflexiones sobre el sentido de la comunicación en los temas de responsabilidad social empresarial.

 

Reportar, mapa de navegación hacia la sostenibilidad

Para Ernst Ligteringen, Director Ejecutivo del GRI, los capitales sociales y ambientales son más importantes que el financiero, pues este depende de los primeros. Entender esto es el camino que conduce hacia una economía global sostenible, y las memorias de sostenibilidad son la guía de las organizaciones para alcanzar ese objetivo.

Crear redes es su especialidad, es algo que está en su personalidad. Así se describe Ernst Ligteringen, quien afirma que gracias a esa facultad de erigir puentes entre las personas y las empresas, entre las naciones, los gobiernos, los sectores, etc., llegó a la Dirección Ejecutiva de la Iniciativa de Reporte Global (GRI, por sus siglas en inglés),  pues esta organización, que impulsa la elaboración de memorias de sostenibilidad alrededor del mundo, buscaba un líder con experiencia en la construcción de redes internacionales.

En conversación con la revista RS, Ligteringen, quien tiene un vínculo muy cercano con el país, pues está casado con una colombiana hace 30 años, explica el porqué es tan importante que las organizaciones adopten la cultura del reporting. “Esta práctica funciona como una herramienta de navegación, que nos ayuda a descubrir el camino y a determinar si estamos progresando en concordancia con una visión hacia una economía verde”, señala.

Teniendo en cuenta su trayectoria profesional en organizaciones sociales, ¿de qué manera aplica usted esta experiencia en el GRI?

Mi trayectoria se ha desarrollado en organizaciones especializadas en formar redes alrededor del mundo, como Oxfam International, la Federación Internacional de la Cruz Roja, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre otras, donde además aprendí sobre varias de las dimensiones de la sostenibilidad: asuntos sociales, económicos y medioambientales, que siempre están conectados. En ese sentido, mi experiencia consistía en trabajar en la colaboración y el diálogo entre distintos actores: gobierno, ONG y el mundo empresarial, y enfocarlos en intereses comunes, con el fin de superar las diferencias entre ellos o utilizarlas para construir.

Aunque yo no sabía mucho sobre memorias de sostenibilidad, el GRI me contactó y me dio las razones de por qué es tan importante y estratégico reportar, y me convencieron de liderar la organización.

Lo interesante de este trabajo es que en él la sostenibilidad se concibe como una convergencia y un entendimiento entre el mundo empresarial y el financiero y los inversionistas, pero involucrando también a la sociedad civil, los sindicatos, el gobierno, los académicos, etc. El GRI es una forma de colaboración muy específica, que no trabaja en definir qué es bueno o malo, o qué es o no sostenible, sino en resolver la pregunta que abarca muchos ámbitos: ¿cómo se puede medir realmente el impacto en la sostenibilidad y cómo generar información útil, tanto para una empresa como para sus partes interesadas?

¿Qué lo llevó a preocuparse por la sostenibilidad?

De joven tenía curiosidad por el mundo. En vez de prestar el servicio militar, trabajé dos años en Zaire, hoy la  República Democrática del Congo. Luego hice una maestría en Desarrollo Social en Inglaterra; fue una buena decisión. Más tarde, tuve el interés de analizar cómo en la práctica se podía llegar a resultados en temas sociales, económicos y ambientales, y me di cuenta de que esto se logra por medio de la construcción de puentes, que es lo que siempre estoy buscando; hace parte de mi personalidad. Las personas no somos tan diferentes. No creo que alguien que trabaje en una ONG o con el medioambiente no tenga nada en común con un ejecutivo empresarial.

Este tipo de líder, por ejemplo, no solo piensa dentro de la lógica de su modelo de negocio; cuando uno habla con ellos, se da cuenta de que son seres humanos, que tienen también otros intereses y otros niveles de entendimiento.

¿Por qué es importante y estratégico reportar?

El reporting es una herramienta que permite volver más concretos los temas de la sostenibilidad. No se trata solo de un conjunto de cifras, sino de datos mucho más específicos, que ayudan a una organización a entender cuál es la relevancia de su impacto en los ámbitos ambientales, sociales y económicos, y cuál es la importancia de estos capitales en su estrategia.

Aún perdura en nosotros la tendencia de pensar solo en la maximización de los resultados financieros, sin tener en cuenta el aspecto ambiental o social. Esto, desde mi punto de vista, es poco lógico, pues los dos últimos son ámbitos fundamentales en todas las economías. El financiero es un capital que al final depende de esas otras formas de capital, que son más importantes. A través del reporting ayudamos a que ese entendimiento se vuelva real y concreto, y a incentivar a las empresas, inversionistas y todos los que tienen interés en el desempeño empresarial a que interioricen estos factores.

¿Qué tanto las organizaciones en el mundo están realizando memorias de sostenibilidad?

Cuando lanzamos la primera guía del GRI, a principios del 2000, alrededor de 200 empresas reportaban. Hoy en día, por lo menos 5.800 lo hacen. De las 250 compañías más grandes a nivel mundial, el 95% están reportando.

Un referente muy relevante es la encuesta de KPMG sobre las prácticas de 100 empresas importantes de distintos países, que se realiza cada tres años. La última vez se llevó a cabo entre 43 naciones, y se determinó que la mayoría de las compañías grandes de estos países están reportando, y las que no, están en la minoría. Esto significa que ha habido un crecimiento continuo, gracias también a que las empresas líderes encontraron en el reporting muchos beneficios, y no lo hicieron por un compromiso caritativo, sino porque descubrieron que fue positivo para ellas. No obstante, este ya no es un asunto solo de organizaciones grandes.

Estamos justo en el momento en que hay que pensar en cómo avanzar, cómo llegar más allá, cómo hacer de esta práctica algo sistémico. Hoy en día ya no se le pregunta a las empresas por qué están reportando, ese es el interrogante de la década pasada, ahora es: “¿por qué no lo está haciendo?, ¿por qué no está compartiendo sus resultados con el mercado?”. Un mercado no puede funcionar si algunas empresas líderes están divulgando su información, pero otras no.

¿El reporting, entonces, debe volverse obligatorio?

Ahora hay gobiernos u otros reguladores, como las bolsas de valores, que han empezado a determinar cuál es su papel para asegurar que realmente la información reportada por las organizaciones no solo avance en términos de calidad, que es importante, sino que también esté disponible de manera más general. Esto no quiere decir que el reporting se esté volviendo obligatorio. Lo que muchas naciones han hecho es adoptar políticas de promoción muy efectivas, que van acordes, no con la voluntariedad, sino con la conciencia de que esta información es necesaria para el mercado y la comunidad.

Esto se discutió con mucha atención en Río+20, donde se reconoció la importancia de los reportes de sostenibilidad, así como la del papel del gobierno en hacer de este un tema más sistemático, que requiere más inversión en capacitación. Algunos países han adoptado, por ejemplo, la política de ‘reportar o explicar’; es decir, proporcionar la información es una decisión de la empresa, pero si se piensa que no se debe hacer, hay que explicar públicamente por qué. Esa es otra manera de informar al mercado. Esas políticas impulsan a las empresas a tomar decisiones, y así comienza una jornada de descubrimiento para muchas de ellas.

En ese sentido, ¿qué motiva a las empresas a reportar y qué las motivará en el futuro?

Una empresa llega al punto de considerar reportar cuando encuentra que es bueno para ella, obtiene beneficios a corto plazo, maneja mejor los riesgos, etc. Por eso, miles de organizaciones ya han emprendido este camino, y las que comienzan casi nunca se detienen, ni siquiera en crisis económicas o financieras. Estas entienden ahora que para posicionarse en el futuro es necesario unir la sostenibilidad con lo financiero en su estrategia. Es un proceso muy lento el lograr que todas las empresas adopten esta práctica. Por eso, una política pública ayuda a que estas agilicen su pensamiento y se decidan. Por ejemplo, la bolsa de Shanghai les exige reportar a compañías con cierto nivel económico, en sectores con mucho impacto. Hace cinco años el número de reportes en China se contaba

con dos manos, en el pasado la cifra llegó a 840. En Sudáfrica y Dinamarca la política es la de ‘reportar o explicar’, lo cual ha llevado a que muchas empresas tomen la decisión de acoger la cultura de realizar memorias de sostenibilidad.

Y habrá muchos más beneficios cuando lleguemos al momento en que la realización de informes no esté motivada por la obtención de una ventaja comparativa, sino que sea una condición económica necesaria para tener un buen mercado.

¿En qué sectores generalmente se está reportando?

Casi todos los sectores lo están haciendo. Uno de los que más lo están aplicando es el financiero, e incluso algunos medios de comunicación han comenzado a sumarse. Por supuesto, también aquellas empresas con mucho impacto medioambiental y social, como las de extracción; las que tienen largas cadenas de proveedores a lo largo del mundo; las de productos a nivel de consumo; las del sector automotriz, de transporte, de energía, de agricultura, de construcción, etc. Y no solo lo ha adoptado el sector privado, sino también el público.

¿Qué tanto ayuda el reporting a alcanzar la llamada economía verde?

Hay que decir primero que la economía verde es, para el mundo empresarial, un objetivo, un punto hacia donde  legar. Es necesario entender que estamos al principio de un cambio profundo. Dentro de 20 años habrá una economía fundamentalmente diferente de la actual. No obstante, en el presente el concepto de la economía verde

es difícil de aceptar y de aplicar en nuestro pensamiento, pero lo necesitamos, y ese precisamente es el valor de ese principio. Sin embargo, no podemos pensar en ese fin si seguimos usando los recursos naturales renovables como lo hacemos hoy en día y con la misma tecnología, que desperdicia muchos de esos bienes ambientales. No debemos seguir dependiendo tanto de energías fósiles, como en la actualidad. Además, tenemos una población creciente, algunos países se están envejeciendo y se presentarán muchas migraciones, etc.

Todo esto tiene impacto en la economía. Teniendo todo esto presente, es posible formular una visión hacia una economía verde. Una vez hecho esto, pensamos cómo llegar hacia allá, y es ahí cuando el reporting funciona como una herramienta de navegación, que ayuda a descubrir el camino y a determinar si estamos progresando en concordancia con esa visión. La información que esto nos proporciona, además de ser útil para las empresas que lo aplican, les sirve a los gremios y a los gobiernos para saber si de forma conjunta la sociedad de un país está encaminada hacia la meta.

En el caso de la economía colombiana, por ejemplo, se debe determinar toda la riqueza del capital ambiental con el que cuenta Colombia o cómo avanzar para aprovecharlo. De esa forma puede llegar a ser un país más competitivo, que beneficia a su población.

¿Cómo ve a Colombia en la elaboración de memorias de sostenibilidad y cuál es el país latinoamericano más destacado en esta cultura?

La responsabilidad social depende de un compromiso individual, y Colombia tiene empresas líderes, que son ejemplares en esta área, que se toman muy en serio este tema y realizan muy buenas memorias de sostenibilidad. Por supuesto, hay otras que están empezando a hacerlo y aún tienen mucho que aprender. No obstante, es muy raro que el primer informe de una organización sea bueno. Por otro lado, en términos de cantidad no hemos visto un crecimiento tan fuerte como en otros países.

En América Latina, Brasil es el líder, porque cuenta con instituciones que fomentan todo un espíritu y una integración sobre estos temas; además, asumió la política de ‘reportar o explicar’ en diciembre del año pasado.

En este momento el GRI está realizando la guía G4, ¿en qué se diferencia de las anteriores versiones y qué otros avances se están presentando en esta materia?

Estamos produciendo la G4 para impulsar la calidad de los informes. Nuestro objetivo es que esta guía sea más  sólida, más robusta y más precisa en sus definiciones, para que ayude a desarrollar información más confiable y significativa, y más apta para el uso del mercado.

En la actualidad, muchos informes tienen fotos muy lindas y ofrecen temáticas muy interesantes, pero no tocan los aspectos más difíciles, aquellos en los que hay mayor probabilidad de que un inversionista o cualquier parte interesada busque la información que requiera, sobre todo cuando surge algún problema. Estos temas críticos son examinados, por ejemplo, cuando un sector determinado desea saber cómo lo está manejando cierta empresa, cuáles son los riesgos y cuál es el potencial en el futuro. Ese es otro aspecto para el cual son muy útiles los reportes.

Por eso, estos documentos deben enfocarse más, ofrecer una visión estratégica y evidenciar cuáles son aquellos temas en los que la empresa desea mejorar su desempeño, cómo lo está haciendo, cuáles son sus metas para el próximo año, proporcionar datos dentro de un contexto, etc.; es decir, que cuente su historia, y es mejor cuando ella misma lo hace; de lo contrario, se pueden generar opiniones sin mucho fundamento, con datos generados por otros.

A través de esta guía buscamos también incentivar el uso de nuevos formatos, pues el futuro del intercambio de este tipo de información es por vía electrónica y no en papel. No solo porque el uso de este tenga un impacto ambiental, sino porque el reporte se vuelve más útil para todos.

Por otro lado, estamos comenzando a manejar el reporte integral, el cual busca integrar en un solo documento aspectos financieros, de sostenibilidad y otros, como el gobierno corporativo, el manejo de confianza con clientes, la propiedad intelectual, etc., y así conectar las distintas corrientes de información para completar esta arquitectura.

Hoy en día contamos con el Consejo Internacional de Reporting Integral, y nos encontramos en una etapa piloto: 70 empresas alrededor del mundo están experimentando con este concepto. Nuestro objetivo es que se produzca información útil para el inversionista, que lo ayude a entender los riesgos y el potencial de valor de una empresa, tomando en cuenta no solo aspectos financieros, sino también otros, como la sostenibilidad.

¿Cómo ha sido la experiencia del GRI cuando ha elaborado sus propias memorias?

Ha sido una experiencia muy enriquecedora y valiosa. Realizar reportes les implica a las organizaciones un trabajo arduo, del cual se recibe después el sabor dulce de los resultados, y eso aplica para nosotros también. Hemos aprendido bastante. Podemos hablar mucho de reporting, pero si nosotros mismos no lo adoptamos, no tenemos la autoridad para promoverlo.

¿Qué observa y evalúa cuando hojea un reporte de sostenibilidad?

Lo primero que hago es mirar la estructura, que los elementos básicos estén. Luego leo la carta del presidente de la organización, para determinar cuál es el compromiso de esta y en qué condiciones se han obtenido los resultados.

Después me remito al final, al índice GRI, para saber si está bien estructurado y si se señala dónde se encuentra la información; asimismo, si está verificado por algún organismo externo, lo cual le otorga el nivel de confianza al lector sobre la veracidad del documento, y por último reviso el contenido.